Los aranceles de Trump profundizan el abismo entre EE. UU. y sus aliados

With Trump’s Tariffs, the Chasm Between Allies and the U.S. Widens

El anuncio del presidente Donald Trump de aranceles generalizados a los socios comerciales de Estados Unidos ha ampliado la brecha entre el país y algunos de sus aliados más cercanos, y al mismo tiempo ha reconfigurado el orden económico mundial.

El plan de Trump, que dio a conocer el miércoles y califica de “recíproco”, impondría una oleada de aranceles a decenas de países. Entre las principales economías más afectadas se encuentran la Unión Europea, que se enfrentará a aranceles del 20 por ciento según el plan, y China, que absorberá un 34 por ciento adicional a los gravámenes ya existentes.

“El alcance y la magnitud de los aranceles son sustanciales y confirman los peores temores de los defensores del libre comercio”, dijo Eswar Prasad, profesor de la Escuela Dyson de la Universidad de Cornell. “Trump está desencadenando una nueva era de proteccionismo que repercutirá en todo el mundo”.

México y Canadá, dos de los mayores socios comerciales de Estados Unidos, no estarían sujetos a nuevos aranceles además de los gravámenes que el presidente había anunciado previamente para los vehículos importados, los repuestos automotrices, el acero, el aluminio y cualquier otro bien que no se comercialice según las normas del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá.

Los nuevos gravámenes incluyen un arancel mínimo del 10 por ciento sobre las importaciones de todos los países excepto Canadá y México, así como aranceles adicionales basados en los aranceles que otras naciones aplican a las exportaciones estadounidenses y otras barreras que el gobierno de Trump ha considerado injustas.

Los países asiáticos fueron algunos de los más afectados. Los aranceles para Japón e India serán superiores al 20 por ciento, y países como Vietnam, Camboya, Bangladés y Sri Lanka se enfrentarán a tipos aún más elevados.

Exiger, una empresa de análisis de datos, calculó que la carga más pesada podría afectar a las exportaciones chinas, que se enfrentarían a 149.000 millones de dólares en aranceles adicionales, mientras que los productos vietnamitas se enfrentarían a 63.000 millones de dólares, los productos taiwaneses a 37.000 millones de dólares y los productos japoneses a 36.000 millones de dólares en aranceles. La empresa calificó el anuncio de “cambio monumental de política que replanteará el abastecimiento, la fijación de precios y la estrategia geopolítica”.

El ataque en diversos frentes ha dejado a los socios mundiales conmocionados.

Los aliados europeos han anunciado planes para tomar represalias a una oleada anterior de aranceles sobre el acero y el aluminio, y han dejado claro que podrían responder al creciente conflicto comercial con barreras a los servicios como los que brindan las grandes empresas tecnológicas. Otros países han optado por esperar antes de tomar decisiones.

El primer ministro de Australia, Anthony Albanese, dijo que la imposición de aranceles del 10 por ciento por parte de Estados Unidos no tenía “ninguna base lógica”. Pero Australia no se apresurará a tomar represalias, dijo, y afirmó que el país no se iba a “unir a una carrera a la baja que conduce a precios más altos y a un crecimiento más lento”.

En México y Canadá, hubo una sensación de discreto alivio al evitar una nueva oleada de aranceles. “Es buena noticia para el país”, dijo Luis de la Calle, uno de los principales economistas comerciales mexicanos. “Nos permite salvaguardar el acceso a los mercados de Estados Unidos”.

Pero los analistas advirtieron contra un optimismo excesivo, puesto que ambos países ya se enfrentan a una serie de gravámenes impuestos recientemente. Trump ha dicho que los aranceles a Canadá y México pretenden frenar el flujo de fentanilo hacia Estados Unidos.

“Ha preservado una serie de elementos importantes de nuestra relación”, dijo el primer ministro de Canadá, Mark Carney, “pero los aranceles por el fentanilo siguen vigentes”. Carney, que habló brevemente mientras se dirigía a una reunión del gabinete, añadió: “Vamos a combatir estos aranceles con contramedidas.“

El común denominador es que muchos de los amigos de Estados Unidos se encuentran cada vez más a la defensiva frente a Washington, una postura que podría cambiar las relaciones internacionales y el orden mundial en los próximos años.

Muchos se preguntan cuáles podrían ser los objetivos finales.

Trump ha afirmado en ocasiones que quiere obligar a las empresas, incluidos los fabricantes de automóviles y de medicamentos, a producir en Estados Unidos. También ha dicho que se trata simplemente de rectificar injusticias. Y ha dicho que los aranceles ayudarán a pagar las reducciones de impuestos.

Para los socios globales de Estados Unidos, el propósito importa. Si de lo que se trata es de hacer más justo el sistema comercial, eso sugeriría una apertura a la negociación. Europa podría manipular los aranceles sobre los automóviles, por ejemplo, para intentar presionar al gobierno de Trump para que adopte una postura menos agresiva.

Si la finalidad es recaudar dinero para las arcas estadounidenses, ése es un punto de partida más difícil para los socios comerciales. En ese caso, llegar a un acuerdo que reduzca los aranceles previstos significaría reducir cualquier ingreso potencial.

Dada la incertidumbre, los socios de Estados Unidos han estado tratando de aprender todo lo posible sobre lo que se avecina, al tiempo que despliegan respuestas mesuradas.

Europa, por ejemplo, ha adoptado una postura más agresiva que muchos países individuales, al anunciar planes para imponer aranceles de represalia sobre el whisky, las motocicletas, los productos agrícolas y una amplia gama de otros productos en respuesta a los gravámenes sobre el acero y el aluminio. Pero ya ha retrasado esas medidas hasta mediados de abril, y los legisladores aún no han anunciado exactamente cómo reaccionarán ante la más reciente ronda de aranceles.

En cambio, los funcionarios han dejado claro que están dispuestos a responder con contundencia, incluso, tal vez, utilizando una herramienta de reciente creación que les permitiría imponer con relativa rapidez penalidades como aranceles o restricciones de acceso al mercado a empresas tecnológicas estadounidenses.

El objetivo sería ganar influencia. Las naciones de la UE intentan hacer valer el peso que tiene el mercado de consumo del bloque de 27 naciones para obligar a Washington a negociar.

Aun así, los planes de contraataque se han hecho más difíciles porque otros temas geopolíticos se han interrelacionado estrechamente con el conflicto comercial.

Para Europa, los objetivos militares y la regulación tecnológica han quedado atrapados en la disputa. Estados Unidos quiere que la Unión Europea asuma una mayor parte de la carga de su propia defensa, al tiempo que reduce las restricciones impuestas a las grandes empresas tecnológicas, incluidas las regulaciones destinadas a garantizar que cumplen las normas de contenido.

La cuestión es con cuánta rapidez se producirá una respuesta. Los líderes europeos, por ejemplo, han dejado claro que primero quieren digerir los detalles de la más reciente ronda de aranceles.

“No quieren una escalada: su deseo es llegar a acuerdos”, dijo Mujtaba Rahman, director gerente para Europa del Grupo Eurasia, una empresa de investigación política. Sin embargo, añadió, existe el riesgo de que la situación se recrudezca y de que Europa vaya por los servicios estadounidenses en las próximas semanas y meses.

“Tienes que mostrar músculo económico para ser creíble ante esta gestión”, señaló.

Paulina Villegas colaboró con reportería desde Ciudad de México; Ian Austen desde Windsor, Ontario; y Victoria Kim desde Canberra, Australia.

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